La Primavera (1480), de Sandro Botticelli. Aparecen, de derecha a izquierda: Céfiro secuestrando a la ninfa Cloris, Cloris como diosa con vestido de flores, Venus que preside la escena con Cupido encima, las tres gracias (belleza, gozo y prosperidad) danzando, y Mercurio como protector.
Cuenta la mitología griega que un día, la ninfa Cloris, diosa de las flores y la primavera, encontró en el bosque el cuerpo sin vida de una hermosa ninfa. Conmovida por su belleza, decidió transformarla en una flor única, digna de los dioses.
Para completar su creación, pidió ayuda al resto del Olimpo. Afrodita le otorgó belleza, Dionisio le regaló su dulce perfume, las Gracias le concedieron encanto y Apolo la bañó con la luz del sol.
Así nació la rosa: una flor que reúne belleza, fragancia, luz y emoción.
Desde entonces, la rosa ha sido mucho más que una flor. Es un símbolo de amor, renovación y de la capacidad de la naturaleza para transformar lo efímero en algo eterno.
En cada brote que se abre hay un pequeño eco de esta antigua historia: la promesa de que la belleza siempre encuentra la forma de regresar.
✨ Porque algunas flores no solo embellecen un jardín. También cuentan historias que han florecido durante miles de años.
Fuente: El lenguaje secreto de las plantas: arte, naturaleza y sombolismo, editorial BLUME
